nos mueve la tierra

Entrevista: Lidia Mª Díaz

Presidenta de la Asociación Española contra la Despoblación
Categorías Conversaciones / Tertulias · Desarrollo rural

“Estamos matando la tierra, debemos trabajar más la agricultura natural”

¿Cómo nace la Asociación Española contra la Despoblación? ¿Qué metas os marcáis?

Pues mira, nuestra asociación nació de una reunión que tuvo lugar entre personas preocupadas por el mundo rural, de qué se podía hacer, etc. Y nos encontramos que veníamos de todas partes de España. Muchos conocíamos otras asociaciones, que luchaban por su pueblo, por su región o por su comarca, pero no había ninguna asociación que representara a todo el mundo rural, sin hacer excepciones, sin distinciones. Nos reunimos un fin de semana para reflexionar sobre todo esto. Y ese grupo siguió.

El nacimiento fue así de sencillo y así de bonito. No hubo complicaciones. Es cierto que, como suele ocurrir, se van quedando personas por el camino, que luego muchas de ellas se han vuelto a unir, y bueno… Como digo, lo importante es que venimos de todas las partes, de Cantabria, de Ávila, de Málaga, de Madrid, de Zaragoza, de muchos sitios.

Lo que nos unió fue una visión nacional y las ganas de hacer. De hecho, en nuestra misión como asociación tenemos grabado que queremos ser la voz general de las personas que viven en el medio rural, queremos trabajar con proyectos sociales, culturales, civiles, empresariales… que consigan que nuestra España rural, donde vivimos muchas personas, pueda desarrollarse, en vez de morir.

Sinceramente, desde la puesta en marcha del proyecto, ¿habéis notado un cambio o una leve mejoría en las condiciones del medio rural? Al menos, sí parece que existe una mayor concienciación general.

Lo primero que debo responder es que sí, sí hemos notado un cambio. Y es cierto, digamos que ahora las administraciones son más conscientes de la situación. La sociedad hemos hecho, como mínimo, que piensen sobre este problema, que ya es importante. Que esto sea una realidad o no… En este sentido, yo últimamente explico que en la crisis de 2008-2010 muchas personas volvieron al pueblo porque no tenían recursos, entonces volvieron a la casa de sus padres o de sus abuelos, pero esa misma gente, cuando salimos un poco de la crisis y volvieron a tener trabajo, regresaron a la ciudad.

Ahora, con este tema del Covid, porque sí que esta situación nos ha influido y nos va a seguir influyendo, estamos en parecida situación y hay muchas personas que sí que quieren irse de la ciudad. Si no les damos algo más, mi pregunta es: ¿volverá a pasar como en la crisis de 2008? Yo pienso que sí, por eso, precisamente, es importante llevar a cabo todos los proyectos transversales que podamos y que estén siempre pensados por y para las personas porque las personas somos la esencia, es algo que es evidente. Entonces, ¿ha habido cambio?, sí; ¿va a haber cambio?, sí; ¿a mejor?, no lo sé. Nosotros, al menos, estamos luchando porque sea a mejor.

Hay muchas personas que sí que quieren irse de la ciudad, pero hay que darles algo más, proyectos pensados por y para las personas.

¿Cuáles serían a tu modo de ver las medidas indispensables para conseguir eso? ¿Para conseguir atraer y fijar población? Y aquí deberíamos mencionar un aspecto fundamental, el de la digitalización.

Así es, la digitalización es necesaria para que vengan nuevos pobladores y se queden, pero también es necesaria para que no se vayan los jóvenes. Y la digitalización es importante también para que las personas que quieran iniciar un proyecto de vida, que también es un proyecto de trabajo, puedan hacerlo. Y otra reflexión importante, en el mundo rural no todos venimos del mundo de la ganadería o de la agricultura, sin embargo, la ganadería y la agricultura si queremos seguir manteniendo sus condiciones de calidad, tal y como nos está mandando Europa, tiene que digitalizarse también, es imprescindible.

Y a esa imprescindible digitalización, ¿qué otras medidas y herramientas sumarías?

En primer lugar, sin duda, la vivienda, porque podemos tener de todo, pero si no tenemos vivienda, debajo de un puente no nos gusta vivir a nadie. Con la vivienda tenemos varios problemas, unos son solucionables y en muchos otros tiene que entrar la administración. Y a eso hay que poner remedio y se pude poner remedio. Lo triste es que se puede poner remedio. Y como eso otras cosas.

Hay pueblos que solo tienen dos o tres habitantes durante el invierno, pero que pueden llegar a tener 100 en verano, a esos pueblos les tendríamos que dar otra visión. No son pueblos que están despoblados, pero tampoco son pueblos que están poblados, por lo tanto, tenemos que crear esa parte, que es la de los pueblos que sólo se habitan en verano. Eso quiere decir que los ayuntamientos, de alguna forma, tienen que repartir esos gastos. Estamos hablando de que la administración tiene que ser más ágil, mucho más abierta a las necesidades de las personas y también ampliar su visión, porque hay muchas soluciones.

Solucionar el problema de la vivienda es imprescindible. Y se puede poner remedio. La administración debe ser mucho más ágil.

Y, efectivamente, siempre enfocadas a las personas, porque, probablemente, el factor que quede más desatendido sea el humano.

Claro. Uno de los grandes problemas que estamos teniendo en España es, sin duda, el del decrecimiento de la población, la caída de los nacimientos. Si eso lo exportamos a los pueblos, donde la población está muy envejecida y además está muy masculinizada, ya os podéis hacer una idea de lo poco que crecen los entornos rurales, por eso decrecen. Pero sí, así es, todo lo que hagamos tiene que ir enfocado a las personas.

Mencionas una realidad, la preponderancia del hombre en las zonas rurales. Y, precisamente, acabáis de poner en marcha uno de vuestros más ambiciosos proyectos, centrado en proporcionar el protagonismo que exigen y merecen las mujeres, ‘Escuela de Pastoras del siglo XXI’.

Nosotras, y aquí sí que voy a hablar en femenino, lo resumimos en dos cosas, es un proyecto creado por mujeres para mujeres, y en el que el objetivo final es que las mujeres que se hayan inscrito en el curso salgan con un proyecto de vida, eso quiere decir que sea un proyecto económicamente viable, en el que esté incluida toda su familia.

¿Por qué hemos creado una escuela de pastoras? Bueno, en España, por suerte, aunque no se conozcan mucho, hay varias escuelas de pastores, y son buenas escuelas, donde hay pastores y pastoras. En nuestro caso, no lo hacemos por una discriminación en sí misma, sino por una necesidad que tenemos las mujeres y que se concreta en lo siguiente. En nuestra escuela tenemos la parte teórica, que va a ser a distancia, adaptada a la lectura fácil, con una teoría sobre el pastoreo, sobre el manejo animal, pero también sobre todos los temas que pueden ayudar a mantener una economía en un pueblo, analizando los recursos que la naturaleza nos ofrece y que, en estos momentos, por falta de personas y, en muchos casos, por una legislación demasiado complicada, pues no se pueden ejercer o no se están aprovechando. Y, por otro lado, las prácticas están dedicadas a desarrollar todo eso, pero, sobre todo, están pensadas para que las puedan realizar mujeres de cualquier grupo, estamento, mujeres con hijos o con personas dependientes a su cargo, y esa es la parte en la que tenemos muy claro que se trata de un proyecto pensado por mujeres para mujeres, porque pueden seguir realizando su labor y pueden seguir cuidando a su familia.

‘Escuela de Pastoras del siglo XXI’ es un proyecto creado por mujeres para mujeres con el objetivo de que salgan con un proyecto de vida.

En definitiva, se trata de dignificar el trabajo de la mujer rural. Profesionalizar unas extensiones, ganaderas y agrícolas, que en su mayor parte siempre han estado en manos de los hombres, cuando tradicionalmente las mujeres también han participado de y en esa actividad.

Bueno, es natural. Es una tradición. Normalmente las tierras las compraban los hombres, era así. Pero aquí no se trata de discutir esa parte sino que se trata de avanzar. En los pueblos tradicionalmente había pastores y muchas veces eran pastores que contrataba todo el pueblo para cuidar sus rebaños. Ahora sí tenemos mujeres ganaderas, agricultoras y empieza a haber mujeres pastoras, lo que pasa es que todavía no hemos dado el paso de reconocer que el pastoreo es una labor que la puede realizar tanto un hombre como una mujer, y más ahora que hay que aplicar necesariamente la digitalización y la tecnología, y, es cierto, que a las mujeres del mundo rural nos cuesta un poco más dar ese paso.

Vamos a incidir en esa idea, no vamos a tener miedo. Si somos capaces de hacer unas cosas también somos capaces de hacer esto. Pensad que una mujer si decide ser pastora y se va a vivir a un pueblo o ya vive en un pueblo y decide profesionalizar esa tarea, pues va a tener a toda su familia junto a ella. Por lo tanto, estamos fijando población, estamos evitando que una familia entera se vaya y que venga alguna que viva en la ciudad. Lo que es indudable es que si una mujer ya no es feliz en un pueblo o no tiene un futuro laboral, igual ella ya no se puede ir, pero seguro que anima a sus hijos a marcharse. Sin embargo, si una mujer es feliz y tiene un proyecto laboral que desarrolla y que hace que su vida esté completa seguro que dirá a sus hijos que se vayan a estudiar, pero que vuelvan.

¿Habéis fijado un lugar concreto para la Escuela o pensáis en diferentes sitios?

Estamos en contacto con el Gobierno de Cantabria, porque en Cantabria los valles son tan distintos que prácticamente podemos hacer las prácticas en ellos como si fuera en distintos puntos de España, y eso nos parece importante. Aparte de eso, la persona que inicialmente ideó este proyecto es la representante de la Junta de Cantabria dentro de nuestra asociación, entonces tiene su lógica.

De todas formas, lo importante es que se trata de un proyecto nacional, eso tiene que quedar muy claro. Queremos que las mujeres que se inscriban al curso vengan de toda España. En ese sentido, por ejemplo, hemos firmado un convenio con un grupo de Salamanca y estamos explorando la posibilidad de que un fin de semana las prácticas las realicemos allí, porque ya tienen también esa parte del pastoreo y, sobre todo, tienen una pequeña fábrica de quesos y un rebaño de ovejas muy grande, entonces estamos intentando la posibilidad de intercambiar esa sabiduría, de unos y de otros.

Hablemos ahora de agricultura y más en concreto de la agroecología. ¿Qué reflexión haces acerca de la agricultura ecológica como medio para fijar población y proyectar el mundo rural?

Es importantísima. En España tenemos por suerte una gran extensión de terreno y somos despensa de todo y para todos. Pero sí que es importante que sea ecológico. En todo caso, en la asociación no nos importan tanto esos criterios ecológicos para que una granja o una zona de agricultura tenga este certificado ecológico, porque depende de diversos factores, como trabajar mucho más el elemento de la agricultura natural. Si por nuestro lado ya hacemos ese ejercicio de eliminar la mayor parte de los pesticidas o trabajar la tierra para que se renueve de forma natural, ya estamos contribuyendo a crear un medio ambiente mucho más sano. Además, Europa y el mundo lo están pidiendo. Nuestra salud lo está pidiendo. Y ya no solo para fijar población, es que esto es importante para la salud, para la calidad del agua que bebemos.. todo lo que sea evitar en cierta medida los químicos bienvenido sea, sin meterme completamente con ellos porque muchos son necesarios. Pero es evidente que la tierra, cuando la cultivamos, no solo es que la estemos matando es que la estamos empobreciendo, si la empobrecemos cada vez tendremos peores cosechas y eso sí que es un problema, y entonces ya no será un problema de repoblación sino de alimentación.

Y cuando hablamos de agricultura ecológica es inevitable hablar de identidad local y de conocimiento tradicional, conceptos que nos parecen cruciales, incluso desde el punto de vista turístico.

Si, lo que pasa es que ha habido una ruptura. La ruptura para los más jóvenes reside en que lo tradicional que hacían sus abuelos o sus padres no fuera rentable. Ahora bien, también es verdad que esta juventud, que se está quedando porque ama su tierra y su identidad, se está dando cuenta y reflexionando sobre esta circunstancia: “Lo que hicieron mis padres estuvo bien mientras lo hicieron, pero creo que era más importante lo que hicieron mis abuelos y mis bisabuelos” Y esa parte es la que es bonita y nos da esa esperanza, que la juventud que se está quedando sí quiere volver a lo tradicional sin perder la parte moderna, porque esa no la podemos perder. Y ya no solo eso, sino que las personas jóvenes que se quieren incorporar al campo también vienen con esa mentalidad, de cuidar lo que había, de mejorar lo que había, de respetar lo antiguo y esa es una parte que nos gusta a todos.

El reto no es pequeño porque se trata de conjugar esa parte tradicional con la digitalización y las nuevas tecnologías, que proporcionan una mayor capacidad de venta y de proyección de los productos y del negocio.

Ya no se trata de comercializar, que por supuesto. Tenemos también que empezar a cambiar el concepto, tenemos que empezar a trabajar mucho el concepto ‘del campo a la mesa’. Además, esa digitalización, unida a las tradiciones, te permitirá mejorar la productividad y la calidad y eso es lo que también va a posibilitar poder hacer venta directa, que es una de las cosas más interesantes. ¿Por qué? Porque todo lo que trabajemos que nos venga directo del campo vamos a evitar, en la mayor parte de las ocasiones, la utilización de las cámaras o de los productos que hacen que se mantenga como fresca la fruta y la verdura, pero que en realidad está recogida hace ya dos meses.

Debemos trabajar más el concepto ‘del campo a la mesa’. La digitalización unida a la tradición mejorará la productividad y la calidad.

Por no hablar de los intermediarios en todo ese proceso, que pervierten el valor del producto sin que repercuta en el productor.

Y que además lo necesita, porque no tiene lógica lo que se les hace a los agricultores ya los ganaderos. No tiene sentido que a ellos les compren los productos a un precio y solo por el transporte, porque en realidad si lo pensamos bien es solo por el transporte, los usuarios lo estemos comprando un 100 o un 200 por ciento más caro, entonces, ¿por qué ese transporte no lo hace ese agricultor o ese ganadero? Por eso digo que no solo tenemos que pensar en pequeño sino también en grande. Vamos a cambiar esa estructura que se ha demostrado que no es viable. Empecemos por lo pequeño para cambiarla.

De vuestras conversaciones y encuentros con los agricultores y ganaderos, especialmente con los más jóvenes, ¿qué conclusiones sacáis? ¿detectáis una verdadera preocupación? ¿están realmente concienciados?

Si. Poco a poco se va observando, pero es una labor que tenemos que hacer entre toda la sociedad y, sobre todo, acogerlos. A los jóvenes que quieren seguir viviendo en las zonas rurales y que quieren innovar o simplemente quieren volver a los pueblos o empezar a vivir en alguno de ellos porque nunca lo han hecho, tenemos la obligación de acogerlos de una forma sistémica, combinada, que no se sientan solos ni cuando empiecen a emprender ni cuando ya han puesto en marcha el proyecto. Y tampoco tenemos que permitir que culturalmente se sientan solos. Y aquí voy a hacer un inciso. Uno de los proyectos que estamos desarrollando y que vamos a presentar es el de las ‘Bibliotecas Rurales del siglo XXI’, una iniciativa de Ángeles Gaudioso, que estarán pensadas para toda España y que serán un lugar de multiencuentro, no solo para coger o dejar un libro, sino un lugar de colaboración y ayuda. Lugares multiculturales, totalmente abiertos a la población que vive allí.

Es inevitable hablar de la COVID-19 y de cómo está afectando a las zonas rurales, a las zonas más despobladas. Será un verdadero problema en una población envejecida y con poco acceso a servicios básicos, ¿cómo está afectando?

Hay mucha tristeza. Os lo resumo así. Hay una tristeza terrible porque claro las personas mayores… Sí es cierto que en los pueblos existe esa ayuda mútua que en las ciudades se ha perdido y en ese sentido hay mucha ganancia frente a una persona mayor que viva en una ciudad sola en un piso, pero lo cierto es que una de las cosas mas bonitas de los pueblos que es cuando las personas se reúnen juntas para charlar, que todo el mundo se preocupa, que existe ese apoyo mutuo, están dejando de hacerse, esas pequeñas reuniones no las ves porque la gente está en sus casas, tiene miedo, y el distanciamiento aumenta.

En los pueblos, además, tenemos el problema de la asistencia médica. Es cierto que los médicos y médicas rurales están atados al teléfono, pero también es cierto que se realizan las menores visitas posibles para evitar el contagio. Los médicos están trabajando mucho, pero las personas se sienten desatendidas. Y luego también hay que pensar en lo complicado que resulta trasladar a esas personas a los centros de especialidades y a los hospitales; se sigue haciendo, evidentemente, pero se retrasan muchas de esas visitas y en muchas ocasiones porque esa misma persona no quiere ir porque tiene miedo. El resultado es que hay enfermedades que no se están detectando, entonces de aquí a poco aumentarán las enfermedades graves por el retraso que está habiendo en detectarlas. Es un problema y hay mucha tristeza.

Hay una tristeza terrible debido al Covid. Además, en los pueblos tenemos el problema de la asistencia médica.

Pero finalicemos hablando de futuro, del futuro del mundo rural. ¿Cómo lo ves?

Nosotros no vemos el vaso ni medio lleno ni medio vacío, simplemente decimos que se puede hacer. El medio rural necesita personas y tenemos muchísimas que quieren irse a vivir al mundo rural y no las podemos dar una respuesta porque no hay medios para que puedan ir con garantías. Por lo tanto, las administraciones tienes que moverse. Nosotros como asociación estamos abiertos a que nos llame cualquier administración, cualquier ayuntamiento, pueblo, etc. Queremos trabajar y podemos aportar soluciones, pero la administración tiene que trabajar y querer aportar esas mismas soluciones junto a nosotros, porque no solo es la sociedad civil o la administración la que tiene que encontrar una solución, tiene que haber esa necesaria combinación.

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