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¿Es tan beneficiosa la dieta mediterránea? (1)

Sigue siendo el patrón de alimentación más valorado
Categorías Salud y nutrición

Un modo de vida incuestionable frente a la industria alimentaria

¿Es tan sana la dieta mediterránea? ¿De verdad? ¿No hay ningún factor que la haga vulnerable? ¿Pudiera estar pervirtiéndose? ¿La hemos idealizado?

Coincidamos en que estas podrían ser algunas de las preguntas que, con un interés crítico y analítico, pudiéramos hacernos para encontrar respuestas absolutas y disipar dudas. Nunca está de más. Incluso hay quienes se las hacen, tirando de ‘negacionismo’ contemporáneo, para satisfacción de unos pocos y mofa de muchos. No obstante, el ejercicio implica dejar al margen las toneladas de estudios e informes que avalan los beneficios de un patrón alimenticio único en el mundo.

Porque muy pocas expresiones gozan del prestigio de esta y muy pocas realidades de una consideración tan global. Decir dieta mediterránea es decir mucho: calidad, años de vida y SALUD. El estilo mediterráneo es sinónimo de perpetuidad y, lo que es más importante, de blindaje ante el enemigo.

“Hemos acreditado que la dieta mediterránea reduce hasta un 64% el riesgo de contraer covid 

De hecho, esta maldita pandemia ha venido a agrandar el mito: la dieta mediterránea actúa como ‘escudo’ frente al coronavirus. Así, al menos, lo asegura un estudio español publicado el pasado mes de abril en la revista ‘Clinical Nutrition’ que asocia el patrón clásico de alimentación en España con un menor riesgo de covid. Y en la misma línea se mueve el doctor Miguel Ángel Martínez-González, epidemiólogo y director del departamento de Medicina Preventiva y Salud Pública de la Universidad de Navarra, que hace pocos días anunciaba esto en ‘noticiasdenavarrra.com’: “Hemos acreditado que la dieta mediterránea reduce hasta un 64% el riesgo de contraer covid”. Dos ejemplos más del torrente de análisis que consolidan un patrón universal.

La dieta más saludable del mundo

Sin ir más lejos, el pasado mes de enero la prestigiosa ‘News and World Report’, que reúne a especialistas en nutrición del todo el mundo, publicaba su ranking 2021 con las mejores dietas. Por cuarto año consecutivo, la decisión era unánime: la dieta mediterránea es la más saludable y la que ayuda a prevenir más enfermedades. Los expertos aseguran que, en general, y pese a las diferencias entre griegos, italianos, franceses y españoles, está aceptado que los individuos de los países ribereños del Mediterráneo viven más tiempo y, frente a la mayoría de estadounidenses, padecen menos cáncer y enfermedades cardiovasculares.

El secreto, aseguran, es su “estilo de vida activo, control del peso y una dieta baja en carnes rojas, azúcares y grasas saturadas, en beneficio de las frutas, verduras, nueces y otros alimentos saludables”. La dieta mediterránea ofrece así una cascada de importantes beneficios: pérdida de peso, salud para el corazón y el cerebro, prevención del cáncer, y prevención y control de la diabetes. Todo un mundo de oportunidades.

El ‘estilo’ mediterráneo

La doctora Mercedes Sotos Prieto, investigadora del Departamento de Medicina Preventiva y Salud Pública de la Universidad Autónoma de Madrid y científico visitante en Harvard, ha señalado a ‘DHC’ la “evidencia científica” sobre los efectos beneficiosos de la dieta mediterránea -caracterizada principalmente por el consumo de frutas, verduras de temporada, aceite de oliva, pescado, legumbres, frutos secos y cereales integrales- en la salud cardiovascular, que es “robusta y consistente”.

Comer en familia, la convivialidad, la frugalidad, la sociabilidad, la actividad física y el descanso son también factores esenciales 

Pero Sotos Prieto no sólo se queda en el término último de dieta, sino que incide, además, en el entorno y estilo mediterráneo. “Hay aspectos -subraya- como el comer en familia, la convivialidad, tomar alimentos de temporada, la frugalidad, sociabilidad, actividad física y descanso (siesta), que se unen a la dieta mediterránea”. Dos caras de una misma moneda.

Precisamente, especifica, el grupo de investigación al que pertenece está analizando, desde hace tiempo, a partir de un profundo cuestionario -conformado por 28 ítems sobre la actual pirámide de la guía alimentaria mediterránea española-, la adhesión de los individuos al estilo de vida mediterráneo (‘MEDLIFE index’), con el que están obteniendo resultados muy satisfactorios, que respaldan los efectos beneficiosos de dicho estilo de vida. Nuevas pruebas sobre la infalibilidad de la naturaleza.

En este sentido, la ‘Fundación Dieta Mediterránea’ subraya en su web la “valiosa herencia cultural” que representa “mucho más que una simple pauta nutricional, rica y saludable”. Un estilo de vida equilibrado que recoge recetas, formas de cocinar, celebraciones, costumbres, productos típicos y actividades humanas diversas. Razones sobradas que condujeron a la UNESCO a inscribirla en 2010 en la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.

¿Interés comercial?

Pero, aludiendo al arranque de este artículo, no todo son buenas noticias. Hay notas discordantes, mínimas, cierto, pero retazos de infelicidad. En el análisis de U.S. News and World Report se deslizan no solo ‘pros’ sino también ‘contras’, leves, pero, al fin y al cabo, factores que reflejan una cierta vulnerabilidad. Así pues, la prestigiosa publicación habla del mucho tiempo que se requiere en la cocina para la elaboración de esta dieta, así como del elevado coste de algunos de sus productos, cuestión, esta última, que desarrollaremos más adelante. Queda, en todo caso, por explorar el elemental interés comercial, que para algunos está tomando un papel primordial y, en cierta manera, perverso.

El nutricionista y biólogo Juan Revenga habla, precisamente, de que la industria alimentaria ha identificado el “filón” de la dieta mediterránea. “Les sirve -denuncia en ‘El Comidista’– tanto para intentar dignificar productos procesados como una pizza industrial, poner en alza el consumo de bebidas alcohólicas o promocionar snack y aperitivos hasta las trancas de grasas poco saludables, sal o azúcar, y quedarse tan anchos”.

Pese a los recomendables postulados generales, la dieta mediterránea “tiene mucho de ejercicio de mercadotecnia” 

“El despiporre mercantilista-mediterráneo -subraya- ha alcanzado su paroxismo con elementos como patatas fritas mediterráneas, refrescos mediterráneos, briks de batidos de frutas y leche mediterráneos o incluso comida para perros basada en la ‘dieta mediterránea’ entre otras muchas lindezas”.

Para Revenga, la dieta mediterránea “tiene mucho más de ejercicio de mercadotecnia -con resultados espectaculares- que beneficio para la salud”. Sin embargo, apostilla, “muchos de sus postulados generales -aunque ambiguos y en ocasiones manipulados torticeramente-, son muy recomendables”, como el patrón alimenticio fundamentado en frutas y verduras de temporada, frente a los alimentos procesados.

Por el contrario, Sotos Prieto interpreta que la definición de dieta mediterránea saludable -aunque tenga variaciones culturales- “está muy clara”. El resto son intereses comerciales.

Un aspecto básico: la frugalidad

En cuanto a la cuestión de que ese interesado ejercicio de marketing pudiera confundir al consumidor, la doctora afirma que es posible. Y en este apartado, Sotos Prieto resalta uno de los aspectos básicos que aparecen en la pirámide alimentaria de la dieta mediterránea: el de la frugalidad. “Aspecto -concluye- que parece que se nos ha olvidado y que se ve sujeto a grandes presiones por parte de la industria alimentaria”.

Efectivamente, la sobriedad y la frugalidad -entendida como poca cantidad en la comida y bebida- son también características irrenunciables de la dieta mediterránea tradicional. Elementos que, por otro lado, deberían ser desarrollados, como apuntan algunos autores, con mayor firmeza por parte de las políticas agroalimentarias, en beneficio ya no solo de la salud, sino también de la eficiencia en el aprovechamiento de la tierra y el agua, de la redistribución del uso de abonos y de la reducción drástica de los desperdicios alimentarios para una mayor y mejor sostenibilidad. ¿Estaría también en ese cometido la industria alimentaria?

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