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¿Es tan beneficiosa la dieta mediterránea? (2)

Sigue siendo el patrón de alimentación más valorado
Categorías Salud y nutrición

Nuevos hábitos de consumo nos alejan de un modelo casi perfecto

¿Es tan sana la dieta mediterránea? ¿No hay ningún factor que la pueda hacer vulnerable? ¿Goza de tan buena salud? ¿Nos estamos alejando los españoles de ella? ¿Está la industria alimentaria traicionando algunos principios?

Arrancábamos la primera parte de este artículo apelando a cuestiones muy similares e intentado dar respuesta a preguntas ya muy reconocidas. Constatando los beneficios de la dieta mediterránea, pero también explorando sus leves limitaciones. Ahora, en esta segunda, nos decidimos a certificar algunos de los ‘peligros’ a los que nos exponemos si no asumimos con gusto sus planteamientos generales, al tiempo que apelamos a la necesidad de fijar una política activa por parte de las instituciones públicas.

En ese primer capítulo, confirmábamos, por aclamación general -y científica-, una realidad incuestionable: los mayúsculos beneficios de la dieta mediterránea. Calidad, años de vida y salud. Una terna de primer nivel. Potenciada, además, por los beneficios contrastados en tiempos de pandemia, lo que no hace más que subrayar lo experimentado desde hace años, que se trata de la dieta más saludable del mundo. El consumo de frutas, verduras, aceite de oliva, pescado, legumbres, frutos secos y cereales integrales aportan un futuro a prueba de bombas. A lo que hay que unir un entorno y un estilo de vida puramente mediterráneo, que es la envidia de medio mundo y la inspiración del otro medio.

Según la Fundación Española de Nutrición, en 1964 se tomaba un 40% más de hortalizas al día. En cuanto a la fruta, hoy solo comemos 1,5 raciones diariamente

Pero, al mismo tiempo, hacíamos hincapié en ciertas vulnerabilidades. Mínimas, verdad, pero que podrían condicionar el futuro de este patrón alimenticio. Desviaciones concretadas, por ejemplo, en el elevado tiempo que se requiere en la cocina para la elaboración de esta dieta o en el elevado coste de ciertos productos, pero también en la influencia de patrones internacionales (movidos por un evidente interés mercantilista) que podrían estar descosiendo los pespuntes de un modelo cultural y social.

Sin ir más lejos, en la última década, algunos estudios han venido a confirmar la tendencia de los españoles a alejarse cada vez más de la tradición de la dieta mediterránea. Entre otras muchas razones, los nuevos modelos sociales -definidos por un ritmo de vida más descoordinado y acelerado, que exige la demanda de platos preparados y alimentos procesados- nos están alejando del mejor patrón alimenticio conocido.

La fruta frente a los alimentos ultraprocesados

Los españoles traicionan a la dieta

En 2018, una investigación de la Fundación Española de Nutrición (Frutas y Hortalizas: Nutrición y Salud en la España del Siglo XXI) revelaba que tomamos un 40% menos de hortalizas al día que en 1964. Respecto a la fruta, aunque su consumo aumentaba con respecto a los últimos años, con 1,5 raciones al día no se llegaba tampoco a la recomendación de la Organización Mundial de la Salud, que es de cinco entre frutas y verduras. En 2019, el Centro de Estudios e Investigación para la Gestión de Riesgos Agrarios y Medioambientales de la Universidad Politécnica de Madrid, tras estudiar patrones de consumo entre la población, determinó que los españoles hemos cambiado las frutas, las verduras, el pescado y los cereales por otros alimentos, como la carne, la leche y el azúcar, en concreto tres veces más. Ese mismo año, la Fundación Dieta Mediterránea hablaba de que menos de la mitad de los españoles sigue en sus manteles la tradición culinaria de la dieta mediterránea, exactamente un 45% de la población -incluso algunos expertos se han atrevido a asegurar que un 85% de los españoles traiciona ese patrón-.

Solo el 16,6% de los españoles cumple totalmente el patrón de la dieta mediterránea, mientras que un 61,9% la sigue bastante

En la mismas fechas, el Barómetro Social Observados, realizado por El Mundo, Expansión y Sigma Dos, llevaba a cabo un estudio sobre las preferencias alimenticias en España, y de él se desprendía que, a pesar de que el 76,4% de los encuestados creía que la dieta mediterránea es la mejor, sólo el 16,6% la cumplía totalmente, mientras que un 61,9% la seguía bastante. Finalmente, el Informe del Consumo de Alimentación en España 2019, elaborado en 2020 por el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, destacaba el crecimiento en volumen de alimentos como platos preparados (+4,2%), así como las bases de pizzas y masas de hojaldres (3,7%). El aceite, imprescindible en la dieta mediterránea, descendía en su demanda un 1,9% en términos generales.

Los jóvenes, los más vulnerables

Cinco ejemplos que ponen bien a las claras la situación. Un proceso -lento y constante- que ha situado a España en el segundo país de Europa con más casos registrados de sobrepeso, después de Reino Unido. Alrededor del 30% de los españoles tiene sobrepeso, a lo que se une, además, que desde el inicio de la pandemia hemos engordado 4 kilos de media.

Como bien recuerda la doctora Sotos Prieto, investigadora del Departamento de Medicina Preventiva y Salud Pública de la Universidad Autónoma de Madrid, la dieta mediterránea es aquella que se seguía en España en los años 50 y 60, pero en la actualidad “nos estamos alejando de ese patrón, en parte, por un consumo excesivo de carne procesada, en forma de hamburguesas, salchichas, etc., que generalmente va acompañada de otros alimentos ultraprocesados y comida basura”. La doctora incide además en una cuestión crucial de cara al futuro y que pasa porque esa tendencia está aumentando de forma mayoritaria entre la población más joven: “la comida rápida y los ultraprocesados -como pizzas, Nuggets, galletas o lácteos azucarados- son alimentos que esconden tremendas cantidades de azúcar, sal y grasas no saludables, algunas bajo el lema de ‘alimento sano’, que están haciendo mucho daño”. Para Sotos Prieto la preocupación debe centrarse especialmente en los niños y, por extensión, en sus padres, “que pueden verse sometidos a publicidad engañosa y creer que ofrecer a sus hijos zumos, lácteos preparados, panes refinados y ultraprocesados es sano, en detrimento de una pieza de fruta o un bocadillo de pan integral”.

1 de cada 4 jóvenes tiene sobrepeso u obesidad. El 61% consume comida procesada a diario y solo un 15% realiza deporte todos los días

Precisamente, una encuesta elaborada por la Sociedad Española de Obesidad mostraba este mismo mes de mayo tendencias preocupantes entre los jóvenes de 16 a 30 años: “1 de cada 4 jóvenes en España tiene sobrepeso u obesidad”. La falta de ejercicio, el picoteo y la mala alimentación son las razones principales que explicarían el exceso de peso. Concretamente, el 61,1% de los jóvenes consume comida procesada a diario, poco más del 15% realizan deporte todos los días y cerca de un 40% reconocen estar más de seis horas al día delante de una pantalla.

Coste de los productos de la dieta mediterránea

Coste y políticas de prevención

Uno de los factores, ya mencionado, que podría explicar esta tendencia sería el elevado coste de algunos de los productos que conforman la dieta mediterránea, cuestión que habría consolidado la creencia generalizada según la cual la llamada comida basura sería más accesible y barata y que comer sano sería mucho más caro. Por contra, algunos estudios constatan que comer sano suele ser, aproximadamente, un euro más caro al día, como así demostró el elaborado en 2013 por la Escuela de Salud Pública de Harvard y que publicaba la revista British Medical Journal. “Sin embargo -apunta Sotos Prieto-, hay que tener en cuenta que hay alimentos, mediterráneos y saludables, que pueden ser bastante accesibles, como, por ejemplo, las legumbres, pero en su elección intervienen muchos otros factores, además del económico”. En este sentido, matiza que “sería interesante ver las intervenciones de políticas de salud” centradas en subvencionar productos saludables y grabar los insanos, como las bebidas azucaradas.

En este sentido, la investigadora de la Universidad Autónoma de Madrid resalta que se debería hacer hincapié en las “políticas de prevención primordial”, es decir, en aquellas políticas destinadas a prevenir las enfermedades antes de que aparezcan, a través de la concienciación de los hábitos alimentarios y otros estilos de vida, como la actividad física.

Precisamente, el ejercicio es una parte fundamental del tratamiento de las personas con exceso de peso, siendo crucial para vencer a esta enfermedad, que no solo está aumentando en plena pandemia sino que también es, después de la edad avanzada, el factor de riesgo para tener una Covid-19 más grave y mortal, como así ha subrayado la Sociedad Española de Obesidad.

“Hay que insistir en las actividades preventivas en atención primaria, casi inexistentes, y en las estrategias de prevención primordial”

Pues bien, en toda esta labor debería involucrarse especialmente la atención primaria (“casi inexistente” en políticas de prevención basadas en el cambio de los hábitos alimentarios) o los centros de trabajo. “En la actualidad -resalta la doctora- parece que la preocupación viene una vez que ya tenemos el colesterol elevado o la tensión alta, pero la prevención empieza desde que nacemos”. Y con mayor razón en los tiempos que corren.

Es evidente que la actual pandemia, propiciada por el SARS-CoV-2, está causando efectos devastadores en la salud y en la sociedad. De hecho, la evidencia ha demostrado una mayor tasa de infección y peor pronóstico en pacientes con preexistencia de enfermedad vascular y factores de riesgo biológico, “lo que pone de manifiesto la necesidad de insistir en las actividades preventivas en atención primaria, actualmente casi inexistentes, y la necesidad de desarrollar estrategias de prevención primordial que lleguen a la población en general y, en especial, a la más vulnerable”.

Las naranjas son fruta básica en el Mediterráneo

“No deberíamos tirar la toalla”

Pese a todo, y como bien señala Sotos Prieto, “no deberíamos nunca tirar la toalla”. Las bases están, y las evidencias, también. Precisamente, la pandemia está generando algunas noticias esperanzadoras y un cierto retorno a la luz, que habrá que comprobar si tiene continuidad. Por ejemplo, la Covid-19 ha propiciado que los españoles dediquen más tiempo al desayuno, según la encuesta realizada por la Fundación Española de Nutrición, que refleja también un ligero aumento en el número de personas que desayunan todos los días y un aumento importante en las personas que declaran desayunar en casa.

Así pues, tras todo lo comentado y a modo de resumen, conviene recordar que el patrón mediterráneo, como así destaca la Fundación Dieta Mediterránea, es una valiosa herencia cultural que representa mucho más que una simple pauta nutricional, rica y saludable. Es un estilo de vida equilibrado que recoge recetas, formas de cocinar, celebraciones, costumbres, productos típicos y actividades humanas diversas. Y todo ello concretado en el siguiente decálogo, que no está de más volver a recordar:

1.- Utilizar el aceite de oliva como principal grasa.
2.- Consumir alimentos de origen vegetal en abundancia: frutas, verduras, legumbres y frutos secos.
3.- El pan y los alimentos procedentes de cereales (pasta, arroz y especialmente sus productos integrales)
deberían formar parte de la alimentación diaria.
4.- Los alimentos poco procesados, frescos y de temporada.
5.- Consumir diariamente productos lácteos, principalmente yogurt y quesos.
6.- La carne roja se tendría que consumir con moderación y mejor si puede ser como parte de guisos y otras
recetas. Y las carnes procesadas en cantidades pequeñas y como ingredientes de bocadillos y platos.
7.- Consumir pescado en abundancia y huevos con moderación.
8.- La fruta fresca tendría que ser el postre habitual. Los dulces y pasteles deberían consumirse
ocasionalmente.
9.- El agua es la bebida por excelencia en el Mediterráneo. El vino debe tomarse con moderación y durante las
comidas.
10.- Realizar actividad física todos los días, ya que es tan importante como comer adecuadamente.

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