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¿Qué es la agricultura ecológica? I

La agricultura ecológica ayuda a crear un planeta más sostenible
Categorías Salud y nutrición

Agricultura ecológica es sinónimo de sostenibilidad

La agricultura ecológica (también llamada orgánica o biológica) es una forma de hacer agricultura eliminando el uso de productos de síntesis para la fertilización o la sanidad de las plantas, utilizando para ello otros productos y formas de manejo naturales. Así evitamos el uso de productos químicos nocivos para el medio ambiente y para la
salud de agricultores/as y consumidores/as. La agricultura ecológica permite que la actividad agrícola sea una actividad más sostenible al trabajar con los ecosistemas de forma integrada, utilizando recursos renovables y locales, conservando la fertilidad del suelo, manteniendo una mayor biodiversidad y haciendo un mejor uso del agua.

Las semillas

Las plantas se reproducen sexualmente mediante semillas. Una labor importante por parte de los/as agricultoras, que se lleva realizando desde hace miles de años en todo el mundo, es seleccionar y reproducir una buena simiente. Sin embargo, según datos de la FAO en el último siglo se ha perdido ya el 75% de los recursos genéticos agrícolas y ganaderos del mundo. La mayor parte de las semillas que utilizaron nuestro abuelos han desaparecido; y de las que aún quedan, muchas de ellas sólo existen en las manos de algunos hortelanos y hortelanas muy mayores.

Muchas de las semillas que se comercializan son híbridas, es decir, que las empresas productoras han forzado cruces en las plantas para que sean resistentes y muy productivas. Pero en su descendencia las semillas híbridas, al proceder de un cruce “forzado” no producen semillas iguales y, por tanto, no servirán para el plantel del
año siguiente.

Para obtener la certificación en agricultura ecológica es necesario utilizar semillas producidas de forma ecológica y en todo caso está prohibido el uso de transgénicos (OMG).

Existen bases de datos para facilitar la adquisición de estas semillas (y de patatas de siembra de origen ecológico) disponibles en la web del Ministerio de Medio Ambiente y Medio Rural y Marino (www.marm.es) donde también se puede encontrar la legislación vigente en torno al uso de semillas en agricultura ecológica.

Manejo del suelo y fertilidad

Mantener e incluso incrementar la fertilización del terreno es uno de los pilares de la agricultura ecológica. Esto se hace mediante la incorporación de materia orgánica al suelo, favoreciendo su estructura, imprescindible para una óptima retención de agua y para que los nutrientes estén disponibles para los cultivos; y el desarrollo de los microorganismos edáficos, que asegurarán una correcta descomposición de los aportes de materia orgánica, y un ambiente sano y equilibrado para las raíces. Se utilizan para ello distintas prácticas como los abonos verdes, la incorporación de estiércoles y la utilización de compost. Excepcionalmente también se pueden incorporar al suelo
abonos inorgánicos.

Los abonos verdes

Los abonos verdes consisten en hacer un cultivo de cobertura hasta su floración, sin fines de consumo sino destinado a conseguir una mejora agronómica. La función fundamental de los abonos verdes es la protección del suelo, la fijación de nitrógeno, la puesta a disposición de nutrientes para las plantas y la incorporación de materia
orgánica. Sin embargo, cada vez es mayor el interés por la función que cumplen los abonos verdes en el control de hierbas, plagas y enfermedades.

El uso de abonos verdes supone un ahorro importante para los/as agricultoras, que deben incorporar menos fertilizante orgánico (estiércol y compost) para mantener la producción.

Para la fertilización nitrogenada se utilizan especies leguminosas (veza, guisante, haba, vicia, alfalfa, trébol, etc.) que fijan el nitrógeno del aire –por simbiosis con bacterias – de forma que las plantas pueden absorberlo por sus raíces.

Junto a las leguminosas se utilizan otras especies (avena, centeno, rábano, colza…) por su capacidad para proteger el suelo mientras no se cultiva y porque son capaces de absorber el nitrógeno del suelo, evitando que se pierda y poniéndolo a disposición de los cultivos siguientes.

Otros nutrientes (fósforo, potasio…) no se incorporan al suelo por el uso de abonos verdes pero con ellos se evita su pérdida. Esto sucede mediante tres vías principales:

  • Bombeo de nutrientes desde capas profundas hasta la superficie, para lo cual se utilizan especies de raíz profunda (alfalfa, altramuz, girasol, colza…).
  • Aumento del fósforo disponible al incorporarse y degradarse el abono verde debido al aumento de microorganismos del suelo y que por su actividad son capaces de disolver compuestos inorgánicos insolubles.
  • Disminuir (incluso anular) la erosión de la capa superficial del suelo donde se encuentran una gran parte de los nutrientes y de la materia orgánica del suelo.

Los abonos verdes también se utilizan por su capacidad para mantener poblaciones aceptables de hierbas en los cultivos. Los mecanismos por los cuáles se produce este control son la competición por los recursos, la secreción por parte de algunas plantas de sustancias tóxicas para otras (alelopatía negativa) y el empleo de hierbas como
abono verde. Se utilizan con esta función habas, centeno, mostazas, colza y otras.

Además la incorporación de abonos verdes contribuye a disminuir los problemas provocados por hongos del suelo y reduce las poblaciones de nemátodos e insectos nocivos. Esto es debido a tres mecanismos fundamentales:

  • Incremento de la actividad biológica del suelo. La mayor parte de los organismos presentes en el suelo son positivos o neutros para los cultivos y limitan la población de los que son perjudiciales.
  • La formación de sustancias tóxicas durante la descomposición del abono verde.
  • Planta trampa: se pueden hacer abonos verdes empleando plantas hospedadoras del organismo perjudicial que se eliminan antes de que se complete su ciclo de vida. Un ejemplo de planta trampa es el uso de remolacha forrajera para el control de nemátodos.

Incorporación de estiércol

El estiércol se usa de forma muy común en agricultura ecológica, sin embargo, hay que señalar que sólo aporta riqueza si se usa de forma adecuada (evitando la fermentación) y sus usos son diferentes según su estado de madurez (fresco, semimaduro o maduro).

Se pueden esparcir estiércoles de vaca, caballo, ovino, caprino, cerdo, etc. siempre y cuando procedan de ganadería ecológica. No se deben exceder los 170 kg/ha al año para evitar contaminación por nitratos en las aguas subterráneas, o excesivo contenido de nitratos en las cosechas, lo cual generaría problemas de salud para el cultivo.

El compost

La producción y el uso del compost es de gran importancia en el manejo ecológico de las fincas. El compost es materia orgánica en descomposición más o menos avanzada que, habitualmente, se elabora en montones que pueden tener formas y dimensiones diferentes.

Es importante que el compost tenga un equilibrio adecuado entre los materiales orgánicos ricos en nitrógeno (hojas verdes, estiércol, purines, etc.) y los materiales ricos en carbono (paja, serrín, restos leñosos…). Además es importante el control de la humedad y la temperatura del montón para el correcto compostaje.

Según el grado de fermentación en el montón la materia orgánica tendrá características y usos concretos: el abonado de fondo se hace con compost fresco o poco descompuesto; el compost descompuesto, de fácil absorción, se suele aplicar en la fase productiva del cultivo; y el mantillo se utiliza para semilleros y abonar cultivos sensibles a la materia orgánica fresca, como la zanahoria o la judía.

Abonos inorgánicos

En agricultura ecológica, excepcionalmente, se pueden aplicar abonos inorgánicos, ajenos a la naturaleza del suelo, para mejorar el crecimiento de las plantas. Se distinguen abonos nitrogenados, fosfatados y potásicos y se pueden aplicar sólidos o líquidos. En contraste con los abonos orgánicos, los inorgánicos se asimilan por la
planta de forma inmediata.

Entre los abonos inorgánicos admitidos en agricultura ecológica se encuentran los fosfatos naturales, las rocas silíceas, que se usan para compensar la falta de acidez, el cloruro potásico, la dolomía, la magnesita y el sulfato de magnesio.

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